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6 de octubre de 2011

Eres como el cielo.

-Eres como el cielo.


Yo lo miré con cara de extrañada y antes que pudiera preguntar por qué, él me dio la respuesta:


-Al igual que el cielo, tienes días en los que estás brillante, lo noto porque traes una sonrisa en la cara y tratas a todo el mundo con amabilidad y simpatía. Pero al igual que el cielo, tienes días apagados, nublados. Se te nota cuando vienes con cara triste, arrastrando los pies como si estuvieras cansada de luchar. Y hay otros días, en los que el cielo estalla en una tormenta, hay otros días en los que estás tan enfadada que prefiero no acercarme a verte. El equivalente a no salir porque te mojarás, ¿sabes? Y por último...
-¿Y por último qué?


Me miró directo a los ojos y sonrió:


-¿Sabes de aquellas personas que se tumban en el césped a mirar las nubes? ¿Y que se pueden pasar
así horas? Pues lo mismo me ocurre a mí contigo. Podría estar observandote durante horas y no me cansaría nunca.



2 de octubre de 2011

Pequeños grandes momentos de felicidad.

La vida nos tiene reservado pequeños grandes momentos de felicidad. Van con la personalidad, y no siempre son reconocibles, depende de nuestro estado de ánimo. Para algunos, el papel de las fotocopias cuando aún está caliente o encontrarse dinero en los bolsillos de la ropa que llevabas tiempo sin ponerte es algo habitual, para otros, un pequeño placer. Despertarte de madrugada y ver que quedan horas para que te despiertes, o la última frase de un libro, o incluso un "I love you" mal pronunciado son ejemplos de momentos de felicidad que nos ayudan a evadirnos de la rutina y a sentirnos más a gusto por dentro.